La entrevista personal

Ésta es la prueba más habitual en cualquier proceso de selección. En realidad se trata de una conversación, generalmente entre dos personas, en la que se plantean una serie de preguntas con el objetivo de valorar si el candidato/a cumple los requisitos necesarios para cubrir el puesto de trabajo ofertado.

Las características de las entrevistas de trabajo pueden ser muy variadas y pueden hacerse varias clasificaciones.

Tipos de entrevista

Aunque son posibles más clasificaciones, se destacan las siguientes:

  • Por su estructura:
    • Directivas (estructuradas): La persona que le entrevista va a dirigir la conversación con preguntas muy precisas, siguiendo un guión que ha establecido previamente y que es común en todos los casos. Por lo tanto, limita sus posibilidades de “decir lo que quiera”, pero le facilita el centrarse en los temas que, quien le entrevista, considera interesantes.
    • No directivas (no estructuradas): Esta entrevista no está estructurada, al menos aparentemente. Por lo tanto, le plantearán preguntas abiertas y generales. Por eso, en algunos casos es posible que se tenga la sensación de estar manteniendo una conversación, no una entrevista de trabajo. En cierta forma, se permite llevar la iniciativa, lo cual no siempre es positivo puesto que puede centrarse en cuestiones que no son las que interesan a la empresa. Además, se puede crear una sensación de “falsa confianza”, produciéndose una relación que le haga olvidar que está ante una entrevista de trabajo.
    • Mixta: Es la más frecuente. En ella se mezclan los dos modelos anteriores. Es decir, la estructura estará definida pero se modificará sobre la marcha cada vez que la persona que entrevista lo considere conveniente.
  • Por el número de personas que intervienen:
    • Individuales: Las más frecuentes. Tan solo entrevistado frente a entrevistador. Tiene la ventaja de que es a la que se está más acostumbrado.
    • Colectivas: A muchas personas les provocan más nervios que las individuales, al no tratarse de una entrevista “de tú a tú”. No obstante, se debe tener en cuenta que, en el fondo, los objetivos que persiguen son los mismos.

Esta modalidad abarca los siguientes subtipos:

    • Varias personas entrevistadas: Permite valorar aspectos tales como la capacidad de hablar en público, de relacionarse con los demás…
    • Varias personas entrevistando: La valoración se concretará poniendo posteriormente en común las impresiones obtenidas por cada uno de los entrevistadores.
    • Varias personas en ambos roles (entrevistadoras y entrevistadas): Constituye una mezcla de las dos anteriores.
  • Por el momento en que se realiza:

Aunque no es una ciencia exacta y tanto el número de entrevistas como su contenido podrá variar de unos procesos a otros, para simplificar y resumir, se puede hablar de:

    • Entrevista inicial: En ella se valorarán normalmente cuestiones básicas. Sirve, sobre todo, para hacer una primera “criba”, eliminando aquellas candidaturas que, desde el principio no encajan con el perfil requerido. Normalmente suele centrarse principalmente, y al margen de otras cuestiones previas, en comentar y aclarar ciertos aspectos del currículum aportado que se consideran relevantes para el puesto o la empresa en cuestión.
    • Entrevista central: Normalmente se enfocará mucho más a valorar sus características personales y profesionales (en sentido amplio) en relación al puesto concreto que se pretende cubrir y a las responsabilidades que conlleva. Aparte de aspectos del currículum que no se hayan tratado previamente o que sea preciso ampliar o aclarar, se incidirá en otros temas relacionados con sus motivaciones, aspiraciones, habilidades, competencias, aptitudes, etc. Si le convocan a esta entrevista significa que se están planteando seriamente la posibilidad de contratarle; lo que pretenden es “conocerle mejor”, profundizando en sus impresiones previas sobre usted y como puede encajar en lo que buscan.
    • Entrevista final: En las últimas fases del proceso de selección, se lleva a cabo un tipo de entrevista en el que habitualmente intervendrá la persona responsable del equipo que necesita la nueva incorporación y, frecuentemente será quien tomará la decisión final o, al menos, influirá decisivamente en ella. Una vez llegado este punto, se suelen tratar cuestiones ya muy concretas: de tipo técnico en relación con las funciones a desempeñar, temas salariales, condiciones de trabajo en general, fechas para una posible incorporación, etc. En definitiva, si se llega a esta fase del proceso de selección, lo normal es que la suya esté entre las dos o tres candidaturas finalistas.
  • Por el grado de tensión:
    • Normal: En esta entrevista se trata de crear un clima de confianza que permita una conversación fluida. Aunque favorece la tranquilidad, el exceso de confianza que puede provocar tampoco le beneficia. No debe perder de vista donde se está.
    • Bajo presión: En ellas, se le intentará “poner a prueba” para observar su comportamiento ante situaciones incómodas o de estrés. Entre otros elementos que crearán tensión pueden estar: preguntas agresivas, interrupciones, pausas alargadas, expresar dudas sobre la idoneidad de su perfil profesional para ese puesto, etc. Por supuesto, en estos casos, lo prioritario será responder de forma apropiada, manteniendo la serenidad y el respeto. Se debe ser consciente de que no se trata de ninguna cuestión personal: se crea dicha tensión para observar como se maneja en esa clase de contexto.

 

Consejos para la entrevista

  • Antes de la entrevista

Ante todo, es importarte concienciarse de que es necesario preparar de antemano la entrevista.
Mucha gente comete el error de pensar que una entrevista “sale sola” y que es mejor improvisar, que resulta más natural. ¡Grave error! Si no se prepara, es muy posible que, por nervios o por otros motivos, no consiga transmitir informaciones importantes en cada caso. Siempre es mejor pensar de antemano en posibles preguntas o situaciones que puedan resultarnos difíciles o incómodas e incluso ensayar eventuales formas de afrontarlas.
No se trata de perder espontaneidad sino más bien de que “no le traicionen los nervios”, algo que en ocasiones puede impedir que el mensaje que quiere transmitir llegue a la otra persona correctamente.
Obtener toda la información posible sobre el puesto ofertado. Resultará valioso conocer bien, y si es posible de antemano, las funciones que conlleva, los requisitos exigidos, las condiciones de trabajo, etc.
Obtener información sobre la empresa. Igual que en el caso anterior, será positivo buscar información sobre la empresa en la que se pretende trabajar, conocer bien a qué se dedica, sus características esenciales, etc. Todo ello, influye poderosamente durante la entrevista. Además, evidencia su interés y motivación, algo que resulta fundamental transmitir.
Realizar un autoanálisis. Con toda la información lograda, es muy importante valorar qué características o incluso qué datos del currículum pueden ser de utilidad en cada caso, para poder resaltarlos adecuadamente.

  • Durante la entrevista:

Ante todo, se debe ser consciente de que, en realidad, la selección empieza en el momento en que se traspasa la puerta de la empresa y no termina hasta que se vuelve a salir por ella. Su comportamiento y actitud durante ese tiempo va a transmitir información valiosa en relación con su posible actividad profesional posterior.
Puntualidad: aunque pueda parecer obvio, es conveniente recordar la importancia de acudir con tiempo a las entrevistas de trabajo:

    • En primer lugar, porque eso da tranquilidad. Llegar con el tiempo justo o tarde provocará una mayor excitación.
    • Pero además, no se debe olvidar que se opta a un puesto de trabajo y que se pretenden asumir unas determinadas responsabilidades. Mostrar una actitud seria y profesional es básico y la puntualidad forma parte de ello.

Ofrecer una imagen personal apropiada. Aunque de nuevo no hay reglas aplicables a todos los casos, sí se pueden mencionar algunos consejos generales.
Al igual que en cualquier otro ámbito de la vida, la imagen que se ofrece dice mucho de esa persona. No tiene nada que ver con la belleza física sino, más bien, con ofrecer una imagen acorde con la que pretende transmitir la empresa en cuestión.
No siempre es necesario acudir a la entrevista vistiendo traje (y corbata en el caso de los hombres) ya que dependerá mucho, entre otras cosas, del tipo de puesto al que se opte, pero sí es importante vestir de forma “correcta” o incluso “convencional” que, a ser posible, no llame la atención en ningún aspecto. Lo mismo ocurre con el maquillaje: si se usa, mejor que sea suave.
Lógicamente, también son básicos el aseo personal y la higiene. Lo importante es lograr que lo que destaque sea su personalidad, sus habilidades, aptitudes… y no distraer la atención hacia aspectos accesorios.
Cuidado con la actitud. Nunca se debe olvidar donde se está. Si por parte del entrevistador se ofrece confianza, se debe corresponder con amabilidad pero siempre manteniendo un tono “profesional”. Aunque las preguntas resulten incómodas o la entrevista parezca agresiva, es importante mantener siempre las formas.
La clave está en que el trabajo del entrevistador es valorar, en todos los aspectos posibles, si esa persona es la más apropiada para ocupar el puesto que se pretende cubrir, y si sabrá enfrentarse a las distintas situaciones que implica, sean o no agradables. Por tanto, nunca se debe perder el control de lo que se dice o se hace, aunque siempre con naturalidad.
Lenguaje no verbal. En primer lugar, hay que tener en cuenta que el lenguaje no verbal transmite mucha información sobre la forma de ser de cada persona. Se trata de información que va mucho más allá de lo que decimos.
Por otro lado, los nervios juegan malas pasadas, y pueden provocar que transmitamos una imagen distorsionada. Por todo ello, algunos consejos que pueden ayudar a afrontar la entrevista de trabajo con mayor tranquilidad y seguridad son:

    • Siempre se debe saludar dando la mano (de forma firme, sin apretar demasiado y mirando a los ojos).
    • Es conveniente sentarse correctamente, no de forma rígida, ni recostándose en la silla. Y por supuesto, no antes de que le inviten a hacerlo (expresa o tácitamente). Tampoco moviéndose continuamente. Dichas actitudes consiguen transmitir sensaciones negativas, distintas según los casos: desinterés, nervios, etc.
    • Se debe mirar a los ojos al entrevistador. No se trata de que mirar fijamente (algo que podría llegar a intimidar). Una vez más, la naturalidad es la clave.
    • No interrumpir. En una conversación, es normal que en algún momento hablen las dos personas a la vez. Sin embargo, se debe intentar que esto no ocurra durante la entrevista. No conviene olvidar que quien entrevista es quien dirige esa conversación.
    • Hay otras reglas generales: no cruzar los brazos o piernas, no jugar con el bolígrafo… Aún así, tampoco es conveniente obsesionarse. Por ejemplo a veces, puede ser mejor incluso tener un bolígrafo en la mano si esto ayuda a controlar los nervios.
    • Y sobre todo, es importante tener presente que “no es una cuestión de vida o muerte”: Si algo sale mal, habrá más entrevistas. Además, se puede aprender de los errores para futuras ocasiones. En última instancia, si usted no forma parte de los candidatos finales, con seguridad, existen otros puestos más apropiados a los que acceder.

Responder de forma concreta a las preguntas planteadas. Aunque este punto se amplía en otros apartados, es importante responder exactamente a lo que se pregunta. Intentar evadir una cuestión suscitaría en la otra persona la lógica desconfianza, algo que no es beneficioso.
Cosa diferente, e incluso conveniente, es ofrecer información adicional que pueda ayudar a suplir o compensar una carencia que se ha evidenciado.
Evitar la mentira. Facilitar la confianza es fundamental si se pretende iniciar una relación profesional. La mentira es, frecuentemente, fácil de detectar y no es necesario explicar sus consecuencias.
Transmitir motivación. Es importante dejar claro que el puesto interesa. Conviene plantear, cuando llegue el momento, preguntas acerca de las funciones concretas y otras condiciones de trabajo, dejando que sea la persona que entrevista quien plantee el tema salarial. Todo el mundo trabaja por dinero, pero no es positivo que parezca que es su única motivación.

  • Después de la entrevista:

Es fundamental que una vez finalizada cualquier entrevista, se repase con sentido crítico y, sobre todo, que se haga autoanálisis, valorando todo lo que se recuerda en relación a los distintos consejos hasta aquí expuestos o cualquier otro aspecto que parezca importante.
Hay que tener muy presente que, como en cualquier otra actividad, tanto de los aciertos como (muy importante) de los errores se aprende. Y ese aprendizaje será de mucha utilidad posteriormente.